13: Cómo escribir puede ayudarte a pensar mejor y sentir.

bienestar mentalidad

¿Alguna vez has sentido que algo dentro de ti reclama ser escuchado?

¿Como que tenías un mensaje importante, en medio de varias ideas que vienen a tu mente?

En este episodio, te comparto mi experiencia con la escritura, como la he vivido en los últimos meses. Te hablo del momento de escribir; las distintas maneras cómo me dispuse a escribir (el proceso), que fui ensayando; y cómo la escritura me permite conocerme mejor

Luego, te invito a descubrir tu propia manera de escribir, con la práctica, y aprender siendo tú.

 

 

 

 

Hace algún tiempo escuché sobre un poeta que escribía en servilletas…

Más allá del material que acoge el escrito (la servilleta, en ese caso), me gustaría hablar de la necesidad de escribir que se satisface usando lo que se tiene a la mano, porque hay algo detrás importante que reclama ser escuchado.

Te cuento mi experiencia con la escritura, como la he vivido en los últimos meses. Y no me refiero a escribir para obtener un producto - como una obra literaria-, sino a escribir porque siento ganas de hacerlo, con mis propias palabras (sin preocuparme por si saldrá bien).

 

Te doy un adelanto 

Escribir me ayuda cuando estoy pensando en varias cosas a la vez. Me permite enfocarme en una cosa – que es lo que estoy escribiendo.

Además, me ayuda a separar y clarificar mis ideas y darle estructura a mis pensamientos.

Sin embargo, la manera como escribo es particular para mí. Tú puedes encontrar tu propia manera.

 

Te cuento mi experiencia

Cuando estaba iniciando las actividades con mi empresa Aprende Siendo, tenía varias ideas todo el tiempo y como no me quería perder ninguna, aprovechaba mi tiempo, escribiéndolas.

Vivo en un barrio en la ciudad de Lima que tiene muchos parques alrededor (uno a media cuadra y otro a dos cuadras de mi departamento) y me gusta caminar por ahí. 

Antes de salir, ponía un papel en blanco doblado en cuatro y un lapicero dentro de una carterita, me la colgaba al hombro e iniciaba mi paseo. Cuando me venía una idea interesante, paraba y escribía. Luego, volvía a guardar mi papel. 

Entonces, me sentía muy eficiente, haciendo dos cosas a la vez, o muy ejecutiva porque sentía que avanzaba.

Sin embargo, me di cuenta de que así no disfrutaba a plenitud mi experiencia del parque: respirar profundamente, caminar a distintos ritmos y conectarme con la naturaleza…

Incluso, un día, cuando sí me permití conectarme con la naturaleza, se me cayó el papelito sin darme cuenta… 

Bueno, como eso no me funcionaba, decidí cambiar de práctica.

 

Busqué otros momentos para escribir

Comencé a escribir mis reflexiones cuando estaba en trayecto de un lugar a otro, sentada en transporte público – Algunas de esas reflexiones las puedes haber leído en mis redes sociales.

Sin embargo, conforme iba asumiendo otras ocupaciones, dejé esa práctica y traté de escribir en momentos específicos, planificados. 

Me demoraba más y sentía que no fluía naturalmente o que no disfrutaba esos momentos.

 

Y surgió espontáneamente…

Un día, yo estaba pensando en algunas situaciones que debía resolver, me dolía fuerte la cabeza porque sentía que daba vueltas y vueltas a lo mismo. 

Entonces, tomé un papel en blanco y un lapicero y me puse a escribir. Simplemente puse en tinta azul lo que estaba pensando. Y me dejé llevar… 

Vinieron otros temas que no había previsto. Sentí como mi expresión facial cambiaba y sonreí, al darme cuenta. ¡Y se me fue el dolor de cabeza!

¿Sabes dónde escribí eso? En realidad, esto no importa… 

 

Comparto mis aprendizajes

He identificado por lo menos tres aprendizajes.

Primero, para mí, el momento de escribir no tiene que estar planificado. No digo que sea igual para ti porque cada persona es distinta.

Segundo, el proceso de escribir me ayuda mucho:

  • A calmar mi mente.
  • A enfocarme en una cosa
  • A encontrar mis respuestas y mis nuevas preguntas. 

Todo esto lo capturo en la escritura. 

Tercero, escribir me permite conocerme mejor porque plasmo mi interpretación de lo que estoy viviendo, lo que pasa a mi alrededor e incluso mis expectativas de lo que puede pasar… 

 

Después de esa escritura inicial, que pueden ser frases o párrafos sueltos, viene un proceso de revisión en otro momento – cuando estoy un poco alejada de la experiencia que originó esas reflexiones.

 Leo con respeto lo que escribí y lo voy ajustando al nuevo significado que le encuentro y deseo comunicar. 

Así he preparado este episodio, para ti y para mí.

 

Conclusión

Te he contado una manera mía de escribir. Te invito a encontrar la tuya, con la práctica.

Aprovecha esta herramienta que tienes a la mano (literalmente) para “escucharte”, reflexionar y sentir. ¡Y aprender siendo tú!

Espero que te sirva tanto como a mí.

 

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