11: Abraza tu imperfección y gestiona tu diálogo interno, con amabilidad.

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Mujer joven con cabeza hacia arriba y mano en el mentón, como pensando

¿Has prestado atención a tus conversaciones internas? Son los pensamientos o mensajes que te dices a ti mismo. Pueden venir una y otra vez, formando una especie de diálogo

Si quieres hacer todo muy bien, ¿qué te dices cuando no logras lo que te habías propuesto?

Querer hacer todo muy bien puede llevarte a ser muy exigente contigo misma/o. Y eso se refleja en tu diálogo interno, por ejemplo, si te tratas con dureza, cuando sientes que te has fallado.

En este episodio, te propongo gestionar ese diálogo porque tú puedes hacerlo. ¿Me acompañas?

 

 

 

 

Tengo una confesión que hacerte: he sido perfeccionista. 

Lo veía como algo “bueno” porque, para mí, eso implicaba que podía hacer las cosas muy bien. Y no necesitaba compararme con otras personas porque yo definía mi propia base de comparación.

Sin embargo, identificarme como perfeccionista no me servía. No me permitía aprender siendo yo misma y tampoco aportaba a mi bienestar. 

Te explico.

 

Si quieres hacer todo muy bien, ¿qué pasa cuando no lo logras?

Te pongo un ejemplo. Estás preparando un informe que debes presentar mañana y aún te falta mucho para terminar. Entonces, te quedas trabajando hasta la madrugada para terminarlo.

¿Y si te quedas dormida o dormido por el cansancio?

Tendrás que presentar solo lo que tenías avanzado…

 

¿Cómo te sientes?

Probablemente, te sientas mal porque piensas que has fallado y no pudiste presentar el informe como habías previsto.

 Si fuiste tú quien definió cómo debía ser ese informe, de acuerdo a tus altas expectativas, puedes sentirte aun peor porque sientes que “así no eres tú”. 

No te reconoces.

 

¿Qué pensamientos vienen a tu mente?

Puedes tener pensamientos como estos:

“¡Qué has hecho, si lo tenías todo planeado!” 

“¡Cómo se te ocurre dormirte!”

“Te has equivocado”.

“¡No das la talla en tu trabajo!” 

 

Si percibes que todo se debió a ti, que fue “tu culpa”, puedes recriminarte duramente con esas y otras palabras.

 

¿Alguna vez te ha pasado algo similar?

 Puede ser que hayas iniciado un nuevo régimen alimenticio y dejas de seguirlo por un día, que se vuelve dos o tres… O decidiste leer un libro, pero se te pasó la tarde viendo televisión. O no cumpliste una fecha límite en tu plan para lanzar tu nuevo negocio, etcétera.

 

  •  ¿Cómo eso ha afectado el concepto que tienes de ti mismo o de ti misma?
  •  ¿Has sentido que no eres suficiente o que no eres capaz?

 

Y en general, cuando las cosas no te salen bien, ¿cómo es tu diálogo interno?

Si tienes el hábito de criticarte o “reprocharte tus errores”, puede ser que no te des cuenta que tú estás generando ese diálogo.

Sin embargo, cuando algo no te sale como planeaste, tienes ciertas sensaciones en el cuerpo; por ejemplo, te da dolor de cabeza o te da sueño. 

Entonces, te invito a “leer” tu cuerpo: Tu respiración, el tono de tu voz, temperatura de tu rostro, tu digestión, etc. 

Poco a poco, podrás reconocer mejor qué sensaciones tuyas están vinculadas a ciertas emociones.

Y puede ser que tus propios pensamientos gatillen esas emociones.

 

¿Cómo puedes gestionar tu diálogo interno? 

En esas circunstancias, te invito a hacer una pausa y escuchar atentamente:

  • ¿Qué te dices?
  • ¿Cómo te lo dices?, ¿qué palabras usas?
  • ¿Con qué frecuencia te dices esas cosas?

 Si ya lo tienes, te propongo gestionar esas conversaciones internas desde tres lugares: tus emociones, tu lenguaje y tus interpretaciones.

 

1. Desde tus emociones: Sé amable contigo

Tus pensamientos reflejan la relación que tienes contigo. 

Eres la persona que estará contigo toda tu vida. ¡Imagínate si vives criticándote o atacándote! Estarás en un estado de alerta permanente que no te dará paz y afectará tu calidad de vida.

En lugar de hablarte con dureza, acepta que las cosas pueden no salir bien porque no eres perfecta o perfecto. Y eso está bien porque eres un ser humano.

Además, 

¿Qué haces cuando una persona que amas se siente triste o decepcionada de sí misma?

 ¿Cómo la tratas? Con ternura, comprensión y empatía… 

¿Y cómo te tratas a ti?

 

Como dice Kristin Neff (psicóloga e investigadora), ser amable contigo misma o contigo mismo es más que solo dejar de criticarte duramente, es consolarte o reconfortarte activamente, con respeto.

 Reconoces que pasas por un mal momento y te planteas cómo puedes ayudarte. Y esto puede significar darte un abrazo, caminar por la playa o pedir ayuda a otra persona para terminar un proyecto. 

¿Te animas a hacerlo?

 

2. Desde tu lenguaje: busca otra perspectiva en tu diálogo interno

Primero, no vas a bloquear esos pensamientos porque son tuyos y están ahí por una razón. Existe una intención positiva: cuidarte, que no te expongas a riesgos. Sin embargo, no te los creas como si fuesen verdad.

La crítica excesiva puede ser como una especie de castigo o advertencia hacia ti de que no debes equivocarte o fallar nuevamente. Sin embargo, te haces daño.

Cuando reconoces esto, puedes entrar en esa conversación interna con otra perspectiva u otro punto de vista. Por ejemplo:

 

  • Si te dices “no soy capaz”

Podrías preguntarte, ¿no eres capaz para qué?

¿De qué sí eres capaz?

 

  • Si piensas: “siempre dejo todo para el último minuto”

¿Qué específicamente dejas para el último minuto?

¿Cuándo has terminado algo con anticipación?

 

La idea es identificar qué hechos o fundamentos sustentan eso que te dices. 

Porque podría ser que estés haciendo generalizaciones a partir de una o unas pocas situaciones, que excluyas cierta información o que supongas ciertas cosas.

 

3. Desde tus interpretaciones: profundiza en tus creencias

Tu lenguaje refleja la forma cómo interpretas la realidad. Si observas que tienes pensamientos que se repiten mucho y te cuesta encontrar otra perspectiva, quizá hay algo más ahí que necesitas descubrir.

A ese nivel, se puede hablar de creencias que son esas ideas arraigadas acerca de ti, de otras personas o del mundo que consideras que son una verdad. Son “tu verdad”, desde tu forma particular de ver la vida. 

Por ejemplo, si crees que debes ser firme y exigente para lograr tus objetivos, podrías preguntarte: 

  • ¿Cuándo aprendiste a exigirte así?
  • ¿Cómo te ha servido ser exigente? ¿Qué costos te ha traído?
  • ¿Cómo eres cuando te exiges a ti misma?

 

Para profundizar en tus creencias y poder ampliar tu mirada sobre algo que te preocupa, puede serte útil el coaching ontológico que te ofrecemos en Aprende Siendo. 

 

En resumen 

En este episodio, hemos visto cómo querer hacer todo muy bien puede llevarte a ser muy exigente y tratarte con dureza, cuando sientes que te has fallado. 

Y eso se refleja en tu diálogo interno que son las conversaciones que tienes contigo misma/o, aunque no te hayas dado cuenta.

Por ello, te invito a practicar el “leer” tu cuerpo, identificar tus emociones y escuchar ese diálogo que las puede estar alimentando.

Luego, puedes gestionar esas conversaciones:

  • Desde tus emociones: siendo amable contigo
  • Desde tu lenguaje, buscando otra perspectiva en tu diálogo interno
  • Desde tus interpretaciones: profundizando en tus creencias

Si te atreves a recorrer estos caminos, aprenderás siendo tú porque, si te conoces mejor, puedes ampliar tus posibilidades y transformar tu vida. ¡Tú puedes!


Nota:

  • Neff, K. (2011) Self-compassion: The proven power of being kind to yourself. Harper Collins Publishers.

     

 

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