20: Cómo ayudar a otra persona con respeto.

autonomía y decisión motivación

A lo largo de tu vida probablemente has recibido la ayuda de otras personas en distintos momentos: cuando estabas iniciando algo nuevo, cuando sentías que no podías avanzar o que no eras capaz de aprender… Incluso, te pudieron ofrecer ayuda cuando pensabas que no la necesitabas.

¿Quieres ayudar a otra persona y que tu apoyo realmente le sea útil?

En este episodio, desarrollo dos argumentos que te llevarán a replantear algunas creencias sobre tu relación con la persona a quien quieres ayudar.

 

 

 

Como ser humano, es natural recibir y dar ayuda porque vives en un mundo con otras personas, con quienes te relacionas de distintas maneras: en tu familia, barrio, trabajo, asociaciones, etcétera. 

Construyes tu vida cada día y pones en marcha tus iniciativas, en cooperación con esas personas.

Si quieres ofrecer tu ayuda a otra persona, ¿deseas genuinamente que salga adelante y pueda continuar después por sí misma? 

 

Empecemos con esa premisa:

Las personas tenemos la capacidad de ayudarnos a nosotras mismas.

En tu caso:

¿puedes recordar alguna situación difícil, que por un momento parecía no tener salida, pero luego pudiste superarla? 

Esa capacidad de ayudarte a ti misma puede tener grados: es mayor o menor. 

Puede aumentar o disminuir.

 

Entonces, una manera efectiva de ayudar a otra persona es aquella que le permite aumentar su capacidad de ayudarse a sí misma.

 

Ahora, te ofrezco una perspectiva de ayuda con respeto, inspirada en la propuesta de David Ellerman sobre “ayuda que respeta la autonomía”.

 

Empecemos. 

 Te invito a analizar tu manera de “ver” a esa persona a quien quieres ayudar, considerando dos argumentos que te llevarán a replantear algunas creencias sobre tu relación con esa persona.
 

1. Esa persona no necesita que le traigas tu solución. Tampoco que se la impongas porque crees que sabes más.

 

Te comparto esta analogía:

Puedes abrir el camino al río, empujar a un caballo hasta llegar al borde, pero él beberá sólo si tiene sed. La motivación vendrá de él.

 

Para ayudar a otra persona, te invito a reflexionar:

 ¿Asumes que sabes más?

 

Quizá has vivido una situación similar a la que vive esa persona, pero no es la misma.

Tú tampoco eres igual a esa persona y no ves el mundo del mismo modo.

 

Entonces, como alternativa:

Reconoce su motivación actual.

 

¿Qué le importa realmente, a esa persona?

Para eso, no puedes suponer que sabes. Debes escucharla con apertura.

 

Acepta que esa persona puede descubrir su propia solución.

Asimismo, puede aprender de la situación que está viviendo porque hay algo que le importa.

 

Este proverbio chino te puede ser familiar:

“Dale un pez a una persona y comerá hoy. Enséñale a pescar y comerá el resto de su vida”.

 

Te planteo cambiar esa segunda frase:

Pesca con esa persona y que encuentre su propia manera de pescar, con su experiencia, si realmente desea alimentarse de pescado.

 

No hay una sola manera de pescar, como no hay una sola manera de vivir.

La persona puede conocer distintas perspectivas, experimentar y aprender; sacar sus propias conclusiones. 

 

No necesita que la lleves a ciertas conclusiones o al camino que es “correcto” para ti.

Tu solución no necesariamente será su solución.

¿Aceptas eso? 



2. No le brindes tu ayuda como un "regalo", cada vez que la necesite de la forma que tú sabes.

Aunque lo hagas con la mejor intención, con tu ayuda como regalo, puedes afectar su motivación auténtica.

 

Te doy tres razones:

 

a. Porque esa persona se sentirá menos responsable por su situación; tú serías responsable por ayudarla como sabes.

 

b. Porque la persona puede acostumbrarse a recibir tu ayuda, la cual se vuelve un incentivo para no actuar por sí misma

Incluso, puede interpretar que tu ayuda es consecuencia de permanecer en necesidad o estancada, por lo cual no actúa para cambiar su situación. Por ello, se puede crear una relación de dependencia.

 

c. Porque, con esa forma de ayuda, dañas su confianza en sí misma y en su autoeficacia para solucionar sus propios problemas.

 

¿Y cómo sería una persona sin motivación y sin confianza?

¿Cómo podría conducir su vida?

 

Con estas preguntas, te invito a reconocer cuál es tu motivación para ayudar a esa persona.

Si realmente quieres ayudarla en el largo plazo, lo puedes hacer sin darle la solución o el camino para encontrarla. 

 

Más bien:

Apoya su iniciativa para usar sus capacidades actuales.

 

En lugar de pensar en sus necesidades o limitaciones, puedes ayudar a esa persona alentando su iniciativa y determinación para que use sus propias capacidades para abordar sus problemas.

 

La persona necesita encontrar su solución y puedes apoyarla con ciertos recursos y facilitando relaciones que le permitan mejorar su situación. Pero ella actúa por sí misma.

Es decir, puedes facilitar las condiciones para que encuentre su solución y su propia estrategia. 

 

Aprende contigo y con otras personas. No aprende de ti. 

 

Si quieres brindar una ayuda efectiva, mira tu rol como un “catalizador” que permite que la otra persona libere su chispa creadora.

 

Y si tú necesitas pedir ayuda, ¿qué prefieres?

 

¿Que te traigan la solución y hagan las cosas por ti o para ti?

¿O que te faciliten ciertas condiciones para que tú encuentres tu camino y tomes tus decisiones?

 

¡Tú puedes conducir tu vida y aprender siendo!

 

Nota:

Si quieres conocer sobre la propuesta de ayuda que respeta la autonomía, en el marco de la cooperación para el desarrollo, puedes consultar:

  • Ellerman, David (2006). Helping people help themselves: from the World Bank to an alternative philosophy of development assistance. Ann Harbor: The University of Michigan Press.

 

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