1: Despertando a tu «ser aprendiz»

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Mano pintada con témperas

¿Alguna vez has querido aprender algo nuevo, pero no te has sentido capaz? 

¿Puedes despertar algo en tu interior que te permita aprender lo que realmente te importa y disfrutar al mismo tiempo?

Veamos cómo puedes despertar a tu "ser aprendiz". Me refiero a cómo desarrollar una actitud permanente por aprender lo que te importa y revalorar lo que experimentas como aprendizajes para mejorar tu vida y cumplir tu misión – como la hayas definido.

 

 

 

Te voy a contar sobre la primera vez que escribí mi nombre.

Luego, te invitaré a conectar con una experiencia de aprendizaje, que puedas darle un nuevo significado y continuar aprendiendo y disfrutando, fortaleciendo tu autoestima.

 

Mi trabajito de pintura con témperas

Tenía cuatro o cinco años. Asistía al nido (jardín o escuela inicial) y tenía un aula con varias mesitas redondas de distintos colores, una para cada grupo de niñas y niños. Cada vez que terminábamos algún trabajito manual, hacíamos una fila para que la profesora escribiese nuestro nombre en el material terminado y luego ella lo mostraba en el aula para que todo el mundo lo viese.

Por otro lado, mi mamá es profesora. Entonces, en casa, ella me había enseñado las letras, usando diversas técnicas. En teoría, yo tenía los conocimientos para escribir mi nombre. 

Un día, habíamos estado pintando con témperas en una cartulina especial y nuestros trabajitos debían secarse colgando con unos ganchitos, en cordeles distribuidos en el salón; además, estos trabajitos debían tener nuestros nombres.

Apenas terminé el mío, decidí que no iba a hacer la fila y que lo dejaría secando en mi mesa.

 

El impulso para escribir mi nombre por mí misma

Me quedé en mi mesita. Sin embargo, me había acostumbrado a tener mi nombre escrito en mi cartulina. Entonces, opté por escribirlo yo misma. Ya conocía las letras y como siempre lo escribía la profesora, no me parecía tan difícil. Así que lo hice.

Pasados unos minutos, la profesora notó que yo no había hecho la fila; entonces, vino a buscarme. Al ver que mi nombre estaba bien escrito en una esquina de la cartulina y que yo estaba tranquila, me felicitó e hizo notar que yo había hecho algo muy bueno porque ¡sabía escribir mi nombre

 

Me di cuenta del valor de escribir mi nombre

La reacción de mi profesora, primero, fue una sorpresa para mí, porque no me parecía gran cosa. Sin embargo, ella resaltó que escribir esas letras, en realidad, significaba que yo era capaz de identificarme y de hacer mis propias cosasNo fue una llamada de atención por no haber ido a buscarla o por quedarme de lo más tranquila en mi mesa.

Entonces, sentí una gran alegría por ese reconocimiento, con una calidez en mi cuerpo que parecía que todo el aula se había iluminado, cuando ella le dio ese significado especial.

 

Mi primer aprendizaje consciente

Esa fue la primera vez que sentí que estaba aprendiendo algo realmente, de modo consciente.

Por supuesto que ya había tenido grandes aprendizajes (caminar, hablar, etc.), pero me gustaría resaltar algunos elementos en esta historia:

  1. Había puesto en práctica mis conocimientos y habilidades; es decir, escribí mi nombre por mí misma.
  2. Había identificado una situación similar a otras, pero había decidido que era mejor llevar a cabo una acción distinta a lo usual.
  3. No dudé; simplemente, lo hice. ¿Cómo fue posible? Estaba en un contexto seguro, de confianza.
  4. Reconocí que había hecho algo importante, alentada por mi profesora. Tenía un significado más allá que escribir unas letras juntas. Se vinculaba a mi identidad. 

Lo central no era que sabía escribir mi nombre, sino que yo podía.

 

¿Qué estaba pasando?

Estaba aprendiendo a tomar decisiones y a actuar, considerando lo que sabía y podía hacer, y el contexto.

Estaba valorando mi logro y sentí una emoción que definitivamente quería reforzar en otros momentos, porque “era capaz” y había mucho más que podía aprender, disfrutando, sin que nadie me presione a hacerlo.

 

Te dejo algunas preguntas de reflexión:

Recuerda cuándo fue la primera vez que aprendiste algo que realmente te importaba y experimenta eso nuevamente:

  • ¿Qué percibiste con tus sentidos? – sonidos, imágenes, olores, sensaciones físicas
  • ¿Qué emociones surgieron?
  • ¿Qué te dijiste a ti misma, a ti mismo?
  • ¿Qué hiciste luego?
  • ¿Qué significado le puedes dar ahora a esa experiencia?

 

 Para despertar a tu “ser aprendiz”, te propongo lo siguiente:

  • Conéctate con la emoción que sentiste entonces
  • Y lo que experimentaste con tus sentidos.
  • Valora tus competencias, decisión y empuje que te llevaron a ese logro. ¡Felicítate!
  • Agradece a las personas que te acompañaron.

 

 Ahora, en tu situación actual, identifica qué te importa realmente y qué deseas aprender. 

Con esto presente, revive esa primera experiencia con tu nuevo significado y gratitud para plantearte un camino para ese aprendizaje que te has propuesto, ensayando alternativas.

 Más allá de una situación en particular, puedes recordar todo esto para continuar aprendiendo y disfrutando, fortaleciendo tu autoestima. ¡Tú puedes!

 

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