14: Lo que aprendí sobre el miedo, gracias a una ardilla.

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Una ardilla gris parada de dos patas, mirando de frente, en un parque

¿Qué puedes aprender de ti, cuando escuchas tu miedo? Sí, el miedo tiene un mensaje para ti: puedes perder algo, ¡ten cuidado!

En este episodio, te cuento una historia personal con una ardilla, que me encontré en un parque cerca a mi casa, que me llevó a reflexionar sobre el miedo porque me permití escucharme y revisitar esa experiencia.

Las interpretaciones tienen un rol en el miedo que puedes sentir, en algún momento. Te invito a descubrir que puedes actuar aunque tengas miedo, cuando reconoces que hay algo importante que quieres cuidar. ¡Acompáñame!

 

 
 

¿Te gustan las ardillas? Yo las veía con curiosidad a lo lejos, hasta que tuve un encuentro cercano con una de ellas, en un parque que está ubicado cerca a mi casa. 

Te cuento la historia porque aparentemente la ardilla y yo sentimos miedo… Y el miedo puede tener un significado importante para tu vida. En mi caso, me permitió conocerme más.

 

La historia

Hace poco más de un año, estaba caminando con mi mamá por uno de los parques que están cerca de mi casa, en la ciudad de Lima. 

Es un parque grande, con árboles altos y pequeños arbustos de flores, donde los vecinos llevan a pasear a sus mascotas. Además, hay algunos juegos de madera para los niños más pequeños.

Era una tarde fresca de primavera, con una ligera brisa. 

Y en un árbol de tronco grueso y rugoso, y de finas hojas verdes, encontramos una ardilla. 

Se veía hermosa con su pelaje gris y su cola frondosa y despeinada. Estaba bajando por el tronco hacia el pasto, de manera lenta; por lo cual, era posible ver sus movimientos.

Para mí, era la primera ardilla de esas características que tenía tan cerca. Antes las había visto marrones y más pequeñas. Entonces, se me ocurrió tomarle una foto.

Mientras tanto, la ardilla se movió rápidamente y apareció en otro árbol, más cerca a nosotras. Le pedí el celular a mi mamá y tomé una foto de la ardilla. 

Entonces, la ardilla nos miró o parecía que nos miraba directamente. Aceleró su paso y llegó al pasto, muy cerca a nosotras y se paró de dos patas. 

Eso era lo más cerca que yo había estado de una ardilla en mi vida. Pude apreciar que tenía las patas y otras partes de su cuerpo de color negro. Sus patas traseras se veían fuertes y las delanteras, aunque delgadas, parecía que estaban listas para boxear, protegiendo su pecho. ¡Y tenía unos dientes muy largos y gruesos!

La velocidad con la cual la ardilla se había movido, me hizo sentir que, en cualquier momento, podía saltar frente a mí y morderme. En medio de ese tranquilo paseo por el parque, ese pequeño animal me había dado miedo… 

Me alejé un poco y, de pasada, le tomé una última foto. Le entregué el celular a mi mamá. Ella lo guardó y nos fuimos de ahí lo más rápido que pudimos, como “cortando el viento” por la velocidad de nuestros pasos.

¿La ardilla? Ya no volteamos a mirar hacia dónde se había ido.

Después de un rato, cuando nos calmamos y, lejos de la escena, revisamos el celular. Además de las fotos, encontramos un video de nuestra huída – que se había grabado de manera automática porque no había cerrado la cámara por el apuro.

Se veían pedazos de piso, plantas y cielo. Y se escuchaban nuestras voces agitadas alejándose de la escena, con rapidez.

Esta historia me llevó a reflexionar sobre cómo surgió mi miedo y qué pudo haber pasado con mi vecina ardilla.

 

Cómo surgió mi miedo 

Yo había interpretado que el movimiento rápido de la ardilla y su postura inusual (para mí) era señal de un posible ataque. Yo creía que me iba a atacar…

No me detuve a pensar si la ardilla querría comida o si se acercaba porque estaba acostumbrada a las personas. Simplemente pensé “peligro” y me escapé.

¡Me moví tan rápido como pude! 

Eso sucede con el miedo, no lo piensas mucho. 

Cuando lo sientes, tu cuerpo está preparado para protegerte, se agita tu respiración y se acelera tu corazón, además de otras señales que puedes identificar...

 

 ¿Qué gatilló o motivó mi huida?

 ¿Fue la ardilla o fue mi interpretación de su comportamiento? 

Podría ser esto. 

 ¿Qué intención tenía mi huida?

Proteger la integridad física de mi mamá y la mía.

 

Esa interpretación se la contagié a mi mamá.

Al fin y al cabo, yo era quien había tomado las fotos y había puesto más atención en la ardilla – pensaba. Tenía “autoridad” para sentir ese miedo. 

Y el miedo se contagia.

 

Lo que pudo haber pasado con la ardilla

No soy veterinaria, ni experta en ardillas. Por favor, permíteme personificar a este animalito y compartir otra interpretación. 

Acercando una de las fotos, observamos que la ardilla tenía el vientre un poco abultado. Ahora tengo la duda de si la ardilla estaba preñada y si se había sentido atacada por las fotos, reaccionando de esa manera.

En ese parque hay varias ardillas y muchas distracciones porque siempre pasean mascotas y corren niños.

Entonces, si un ser gigante – en comparación a la ardilla – se acerca y “dispara” una foto, puede verse como un ataque.

 

Y si la ardilla tenía algo muy importante que cuidar (su familia), ¿qué podía hacer?

Quizá solo tenía esa actitud y posición de “boxeadora”.

 

Ahora, hablemos de la reacción al miedo

¿Alguna vez has escuchado la expresión: “Me paralizó el miedo”?

Efectivamente, es algo que puede ocurrir. 

Por ejemplo, quizá tenías que dar un discurso en público y llegado el momento, te olvidaste por completo de lo que tenías que decir. O soñaste que eso te pasaba.

Yo he tenido ese sueño el día previo a la sustentación de mi tesis de licenciatura (o título profesional).

Sin embargo, está la otra reacción que yo tuve en este encuentro con la ardilla: salir corriendo, huir. Esta reacción cumple el objetivo de protegerte.

 

 ¿Cómo ha sido tu miedo? 

 ¿Cuándo fue la última vez que lo sentiste?

 ¿Te paraliza o te hace huir?

 ¿En qué circunstancias?

 

Lo que aprendí sobre mi miedo, gracias a la ardilla, es que mi reacción no siempre es previsible. Y si yo veo una manera de protegerme, sin pensarlo mucho, la tomaré. 

En este caso, nada me impedía irme de ahí y lo hice.

 

¿Y la ardilla? Quizá no veía otra opción más que “armarse de valor”.

 ¿Has encontrado valentía o coraje, a pesar de sentir miedo?

 

En resumen

Puedes sentir miedo porque interpretas que estás en peligro, que puedes perder algo importante para ti: tu seguridad física, tu salud, tu familia, etc.

Esa interpretación puede basarse en un hecho que enfrentas y te toma por sorpresa (mi vecina ardilla, en este caso) o porque anticipas una situación que aún no ha ocurrido o que podría incluso no ocurrir (y que “vive” en tu mente).

 

¿Quieres actuar aunque tengas miedo, sin paralizarte?

 Aprende a reconocer tu miedo, poniendo atención a tus cambios corporales (respiración, temperatura, ritmo cardiaco, etc.) y aprende a indagar o profundizar en tus interpretaciones que te llevan a sentir todo eso.

 

Si te escuchas de manera frecuente, de ese modo, estarás en mejor posición para aceptar tu miedo – porque es tuyo y quiere protegerte. Esa es su intención. Te avisa que puedes perder algo importante para ti.

Incluso, reconocer eso importante que cuidas, puede darte la valentía para actuar con miedo y precaución.

Cuídate mucho.

 

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