Lo que aprendí sobre el miedo, gracias a una ardilla.
Jan 18, 2024
¿Qué puedes aprender de ti cuando observas cómo reaccionas ante el miedo?
En este episodio te cuento una historia personal con una ardilla que encontré en un parque cerca de mi casa. Al revisitar esa experiencia, reconocí cómo mi interpretación de su comportamiento influyó en lo que sentí y en mi reacción de salir corriendo.
Esta historia también puede ayudarte a observar cómo surge tu miedo y qué puede estar detrás de esa emoción.
Esta publicación fue actualizada en julio de 2026: la versión escrita fue revisada y reorganizada para facilitar la lectura y reflejar mejor el enfoque actual de Aprende Siendo. Por eso, puede haber diferencias con el audio y el video originales.
Mi encuentro con una ardilla
¿Te gustan las ardillas? Yo las veía con curiosidad a lo lejos, hasta que tuve un encuentro cercano con una de ellas en un parque ubicado cerca de mi casa.
Hace poco más de un año, estaba caminando con mi mamá por uno de los parques que están cerca de mi casa, en la ciudad de Lima.
Es un parque grande, con árboles altos y pequeños arbustos de flores, donde los vecinos llevan a pasear a sus mascotas. Además, hay algunos juegos de madera para los niños más pequeños.
Era una tarde fresca de primavera, con una ligera brisa.
En un árbol de tronco grueso y rugoso, y de finas hojas verdes, encontramos una ardilla.
Se veía hermosa con su pelaje gris y su cola frondosa y despeinada. Estaba bajando lentamente por el tronco hacia el pasto, por lo que era posible ver sus movimientos.
Para mí, era la primera ardilla de esas características que tenía tan cerca. Antes las había visto marrones y más pequeñas. Entonces, se me ocurrió tomarle una foto.
La ardilla se acercó
Mientras tanto, la ardilla se movió rápidamente y apareció en otro árbol, más cerca de nosotras. Le pedí el celular a mi mamá y tomé una foto de la ardilla.
Entonces, la ardilla nos miró o parecía que nos miraba directamente. Aceleró su paso, llegó al pasto muy cerca de nosotras y se paró en dos patas.
Eso era lo más cerca que yo había estado de una ardilla en mi vida. Pude apreciar que tenía las patas y otras partes de su cuerpo de color negro. Sus patas traseras se veían fuertes y las delanteras, aunque delgadas, parecía que estaban listas para boxear, protegiendo su pecho. ¡Y tenía unos dientes muy largos y gruesos!
La velocidad con la cual la ardilla se había movido me hizo sentir que, en cualquier momento, podía saltar frente a mí y morderme. En medio de ese tranquilo paseo por el parque, ese pequeño animal me había dado miedo…
Nuestra huida
Me alejé un poco y, de pasada, le tomé una última foto. Le entregué el celular a mi mamá. Ella lo guardó y nos fuimos de ahí lo más rápido que pudimos, como “cortando el viento” por la velocidad de nuestros pasos.
¿La ardilla? Ya no volteamos a mirar hacia dónde se había ido.
Después de un rato, cuando nos calmamos y ya estábamos lejos de la escena, revisamos el celular. Además de las fotos, encontramos un video de nuestra huida, que se había grabado de manera automática porque no había cerrado la cámara por el apuro.
Se veían pedazos de piso, plantas y cielo. Y se escuchaban nuestras voces agitadas alejándose de la escena con rapidez.
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Cómo surgió mi miedo
Yo había interpretado que el movimiento rápido de la ardilla y su postura —inusual para mí— eran señales de un posible ataque. Creía que me iba a atacar.
No me detuve a pensar si la ardilla quería comida o si se acercaba porque estaba acostumbrada a las personas. Simplemente pensé: “peligro” y me escapé.
¡Me moví tan rápido como pude!
En ese momento, no me detuve a pensarlo mucho. Cuando sentimos miedo, a veces reaccionamos antes de alcanzar a pensar con calma qué está pasando. Mi respiración se agitó y mi corazón se aceleró.
¿Qué activó mi huida?
¿Fue la ardilla o fue mi interpretación de su comportamiento?
¿Qué buscaba proteger con mi huida?
La integridad física de mi mamá y la mía.
Mi interpretación también influyó en la reacción de mi mamá. Al fin y al cabo, yo había tomado las fotos y había puesto más atención en la ardilla. En ese momento, parecía tener más elementos para juzgar lo que estaba pasando.
Qué pudo haber pasado con la ardilla
No soy veterinaria ni experta en ardillas, así que no puedo saber qué estaba ocurriendo.
Al acercar una de las fotos, observamos que la ardilla tenía el vientre un poco abultado. Me pregunté si podría estar preñada y si nuestra cercanía le había parecido una amenaza.
En ese parque hay varias ardillas y también muchas distracciones, porque siempre pasean mascotas y corren niños.
Si un ser gigante —en comparación con la ardilla— se acerca y “dispara” una foto, quizá ella podría percibirlo como un peligro.
Si también intentaba proteger algo importante, como sus crías, ¿qué podía hacer?
Quizá su postura de “boxeadora” era su manera de responder a lo que estaba ocurriendo.
Cómo reaccionamos al sentir miedo
¿Alguna vez has escuchado la expresión “me paralizó el miedo”?
Puede ocurrir que, al sentir miedo, te quedes inmóvil por un momento.
Por ejemplo, quizá tenías que dar un discurso en público y, llegado el momento, te olvidaste por completo de lo que ibas a decir. O soñaste que eso te pasaba.
Yo tuve ese sueño el día previo a la sustentación de mi tesis de licenciatura.
En mi encuentro con la ardilla, mi reacción fue distinta: salí corriendo. En ese momento, alejarme fue la manera que encontré de protegernos.
¿Cómo reaccionaste la última vez que sentiste miedo?
¿Te quedaste inmóvil, huiste o hiciste algo distinto?
¿En qué circunstancias ocurrió?
Lo que aprendí sobre mi miedo, gracias a la ardilla, es que mi reacción no siempre es previsible. Cuando veo una manera de protegerme, puedo actuar rápidamente, antes de analizar con calma lo que está ocurriendo.
En este caso, nada me impedía irme de ahí y lo hice.
¿Y la ardilla? Quizá no veía otra opción más que “armarse de valor”.
¿Has encontrado valentía o coraje, a pesar de sentir miedo?
Lo que aprendí de esta experiencia
Puedes sentir miedo cuando interpretas que estás en peligro o que podrías perder algo importante para ti: tu seguridad física, tu salud, tu familia u otra cosa que valoras.
Esa interpretación puede surgir ante un hecho inesperado, como mi encuentro con la ardilla, o cuando anticipas una situación que todavía no ha ocurrido y que quizá no ocurra.
Esa interpretación puede surgir ante un hecho inesperado, como mi encuentro con la ardilla, o cuando anticipas una situación que aún no ha ocurrido —e incluso podría no ocurrir—, pero que en tu mente se siente real.
¿Quieres actuar aunque sientas miedo, sin paralizarte?
Puedes empezar por reconocer lo que estás sintiendo, prestar atención a los cambios en tu cuerpo —la respiración, la temperatura o el ritmo cardíaco, por ejemplo— y revisar las interpretaciones que influyen en esa emoción.
Escucharte de esta manera puede ayudarte a aceptar tu miedo como parte de lo que estás viviendo y a reconocer qué es importante para ti.
Reconocer eso que quieres cuidar puede darte la valentía para actuar, aun sintiendo miedo y tomando precauciones.
Cuídate mucho.
Escucha el audio original del episodio. Esta grabación corresponde a la publicación original y puede presentar diferencias con el artículo actualizado.
También puedes ver la versión editada en YouTube .
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