4: Para aprender con motivación, puedes elegir la ruta que disfrutas

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camino iluminado en el campo, rodeado de árboles

¿Quieres aprender algo nuevo, pero te es difícil seguir la ruta para alcanzarlo?

Puedes tener claro lo que quieres lograr y es algo que te importa mucho; sin embargo, algunas actividades necesarias para lograrlo no te gustan. ¿Qué puedes hacer?

En este episodio, veremos cómo la motivación puede ser «el cable» que vincule una actividad poco agradable, pero necesaria, con el propósito que te llevó a tomar la decisión de iniciar tu proceso de aprendizaje.

Te invito a reflexionar sobre tu motivación y disfrutar tu ruta de aprendizaje, con flexibilidad, recordando que puedes elegir.

 

 

 

A las personas adultas, nos gusta tener motivos o razones propias para explicar nuestras decisiones; es decir, sentir que podemos conducir nuestra vida. 

En el contexto educativo, queremos elegir qué aprender, para qué y de qué manera hacerlo que sea la más efectiva (para asegurar que lo lograremos).

Entonces, si has decidido qué aprender, con esa motivación interna, puedes analizar las alternativas, elaborar un plan para ejecutar la alternativa elegida, definir los recursos necesarios y prepararte emocionalmente para ese proceso. 

Sin embargo, las actividades programadas pueden ser más o menos agradables. No las valoramos de la misma manera. Algunas nos cuestan más…

A través de una historia, te invito a descubrir que puedes cambiar tu percepción de una actividad menos agradable, incorporando una nueva manera de abordarla que te permita disfrutarla, fortaleciendo la motivación general que guio tu elección.

 

¿Qué pasa si notas que «no avanzas» con una actividad menos agradable?

Si identificas tu motivación interna, puedes continuar e incluso, encontrar la forma de hacerlo disfrutando. Para explicarte mejor, te contaré una historia personal

 

Estaba en la Universidad, estudiando mi carrera de pregrado en economía, y llevaba un curso electivo de Literatura Latinoamericana. No era un curso regular de mi carrera, pero me gustaba mucho la literatura y la poesía, en particular. Incluso, en años previos, había escrito algunos poemas. 

El profesor del curso dejó como tarea que cada estudiante hiciera una reseña sobre un poema de un escritor reconocido. 

Me asignaron un poema profundo y largo, con más de 15 páginas. 

 

Me costaba realizar esa actividad, aunque me gustaba la poesía.

Aunque yo había elegido ese curso y me gustaba la poesía – tenía motivación auténtica, se me hacía aburrido terminar de leer ese poema y difícil comprenderlo realmente, como para hacer una reseña. 

No encontraba el momento para dedicarme a leer ese poema con sensibilidad. 

 

Decía que era el lugar, que necesitaba quietud para concentrarme y después, que demasiada quietud me daba sueño (y me dormía). 

Terminé de leerlo, pero ¿podría darle un sentido para mí? ¿Cuál era el mensaje? 

 

Se me pasaban los días y parecía que tenía cosas más importantes que hacer… , pero no estaba tranquila porque no podía concluir esa tarea.

Y así no era yo; tenía la imagen de que «yo terminaba las cosas a tiempo y bien».

 

Pasado el tiempo, me doy cuenta de que yo estaba abordando la tarea desde la mente, de manera conceptual; es decir, dado lo que sabía del autor: su vida, sus temas preferidos y su técnica. 

Quizá mi lectura había estado sesgada por esa información y yo trataba de hacer encajar eso que sabía y lo que encontraba en el poema. 

De cualquier modo, como no estaba en disposición para dedicarme a un poema tan largo, quedaba en solo una intención.

 

Entonces, mi mamá me hizo una pregunta:

 

¿Y si intentas dibujar lo que el poema te va mostrando?

Ya me había formado una idea general del poema y este tenía varias metáforas. Tenía mis lápices de colores y una hoja en blanco... Entonces, pensé ¡sí es posible dibujarlo!

Y eso era algo que yo conocía porque me gustaba usar imágenes para aprender. Mi manera de tomar apuntes, durante mis clases, era usando lapiceros de distintos colores y haciendo esquemas. 

Sinceramente, no recuerdo cuántos dibujos hice o si terminé esa actividad de interpretar el poema con mis dibujos...

 

Sí recuerdo dos cosas:

  1. Me di cuenta de que aquella actividad, que había percibido como tediosa y una obligación (asignada por el profesor), podía ser placentera – había cambiado su significado; y  
  2. Me convencí de que dibujar me ayudaba a comprender.

 Veamos cada punto.

 

1. La actividad adquirió un nuevo significado para mí

Mientras leía nuevamente el poema, pude disfrutar el proceso porque dibujaba libremente y eso me ayudaba a comprender mejor. 

Sentía una satisfacción inmediata porque estaba ensayando una nueva manera de abordar el poema, que me permitía «salir de la tarea» y recordar que estaba invirtiendo mi tiempo en algo que me gustaba e interesaba

 

Me sentí mejor porque estaba más involucrada en un curso que yo había elegido y que me permitía alcanzar mi «para qué».

 

Entonces, la motivación que encontré para leer nuevamente (dibujando) y comprender el poema reforzaba la motivación general que me daba el tema y la poesía en sí misma. 

Esto significa que la actividad (elaborar la reseña de ese poema) y el fin (aprender de literatura y poesía) estaban asociados.

 

Asimismo, yo pude satisfacer mi necesidad de competencia porque sentí que podía elaborar la reseña usando el dibujo como herramienta. 

Recordé una manera de hacerlo que era posible para mí. Y mientras más la usaba, más la disfrutaba, reforzando mi motivación.

 

2. Me convencí de que dibujar me ayudaba a aprender.

Como encontré una manera de realizar la actividad y disfrutarla, decidí que la usaría nuevamente si encontraba algo difícil porque ya era parte de mi repertorio.

 Y así, la he usado en varias ocasiones. Te cuento una de ellas.

 

Tiempo después, cuando investigaba para mi doctorado sobre desarrollo humano y autonomía, en una universidad europea, decidí que mi tesis sería multidisciplinaria. Por ello, revisé literatura de diversas materias.

Entre ellas, leí textos de filosofía vinculados al tema de autonomía. Algunos de ellos eran extensos, con letras pequeñas, interminables… 

 

¿Qué hice? Me puse a dibujar. 

Además de mis notas de colores y esquemas, tengo dibujos hechos con figuras en un software de presentaciones. 

Y estos dibujos tienen anotaciones con mis reflexiones sobre la vinculación de esas ideas con la realidad. Porque tenía claro que quería contribuir con una investigación «aterrizada», de aplicación práctica.

 

Recuerdo que, con mucho respeto, uno de mis asesores de tesis sonrió cuando se los mostré porque no había encontrado a otra persona que usara ese método. 

Y esos dibujos y esquemas los recuerdo vivamente (y los tengo guardados).

 

Nuevamente, encontré la forma de vincular la actividad (lectura de largos textos de filosofía) con el fin (realizar una investigación aplicada en mi doctorado). 

Quería que mi investigación contribuyese a promover la autonomía de las personas que participan en proyectos de desarrollo y mi lectura de esos textos tenía presente ese carácter aplicado, mientras yo disfrutaba el proceso de leerlos, revisarlos y dibujar.

 

En esta segunda historia, fue importante conectarme con mi «para qué»; es decir, la razón fundamental que guio mi decisión de llevar a cabo el doctorado, considerando que esta decisión implicó una dedicación de varios años, además.

 

En resumen 

Con estas historias, hemos cubierto dos temas (que no son los únicos) vinculados a la motivación que surge del interior de cada persona. 

 

Primero, la motivación venía del propósito; es decir, yo buscaba algo que me permitiría alcanzar mi «para qué» que está conectado a mis valores.

 

Segundo, cambié mi percepción de la actividad que no era tan placentera, inicialmente, al incluir una manera de llevarla a cabo que me permitía disfrutarla y fortalecer su vinculación con el propósito, al mismo tiempo. 

Esto significa que tenía valor por sí misma y también como medio para alcanzar mi propósito. Sentía motivación intrínseca.

 

Además, esa manera de aprender era experimentando, descubriendo… 

Podía usarla reiteradamente y mejorarla, disfrutando el proceso de aprender. 

Y también puedo explorar otras, con flexibilidad – si recuerdo que puedo elegir.

 

Exploración personal

Ahora te propongo realizar una exploración dentro de ti.

Si has elegido algo nuevo que deseas aprender o estás haciendo un cambio en tu vida que implica que realices nuevas actividades o que conozcas nuevas personas, visites nuevos lugares, etcétera:

 

Te invito a elaborar o revisar tu plan para alcanzar eso que deseas lograr (con actividades y plazos). Luego, responde con sinceridad:

  • ¿Qué actividades te agradan menos?
  • ¿Cuáles estás posponiendo?

 

Ahora, elige una actividad de las anteriores. 

Puedes seleccionar la que consideres que puede influir más en el logro de tu propósito.

  • ¿Qué emoción sientes cuando pospones esa actividad?
  • ¿Qué pensamientos acerca de esa actividad te surgen?
  • ¿Qué te dicen acerca de tu identidad
  • ¿Quién eres cuando pospones esa actividad?

 

Con esa información, puedes tomar una decisión: 

Sigues posponiendo esa actividad o trabajas en tu motivación. 

 

Si decides lo segundo, trata de identificar una nueva manera de realizar esa actividad, que sea tuya y te permita disfrutar.

Te invito a escribir las reflexiones que te surjan en esta exploración, con flexibilidad y respeto. Disfruta tu camino de aprendizaje. ¡Tú puedes!

 

Nota

Para este episodio, se consultaron las siguientes fuentes bibliográficas:

  • Fishbach A and Woolley K (2022) The Structure of Intrinsic Motivation, Annual Review of Organizational Psychology and Organizational Behavior, 9, 339-363. doi: 10.1146/annurev-orgpsych-012420-091122

  • Muñiz MR (Presentadora) (2023, 3 de agosto) El poder de tu «para qué» (Núm. 2) [Episodio de audio de podcast]. En Aprende Siendo con Mirtha. Aprende Siendo. https://www.aprendesiendo.com/episodio2 

  •  Ryan RM & Deci EL (2020) Intrinsic and extrinsic motivation from a self-determination theory perspective: Definitions, theory, practices, and future directions, Contemporary Educational Psychology, 61, 101860. doi: 10.1016/j.cedpsych.2020.101860

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