¿Puedes cambiar tu vida? Una reflexión y dos preguntas.
May 09, 2024
¿Sabes que tienes el poder para cambiar tu vida?
Si sientes que algunas decisiones no reflejan del todo lo que valoras, o si hay algo que quieres cambiar en tu vida, este artículo puede ayudarte a reconocer que tienes la capacidad de construir un futuro valioso con tus decisiones, día a día.
Para eso, te explico cómo lo que estás viviendo hoy tiene mucho que ver con la manera como piensas, y te propongo dos preguntas que influyen en esa manera de pensar: ¿por qué? y ¿para qué?
Nota de actualización, junio de 2026: Este episodio fue publicado originalmente en audio y video. La versión escrita fue revisada y reorganizada para facilitar la lectura desde el blog, manteniendo la reflexión central sobre el poder de tus decisiones para construir un futuro valioso.
Cómo tus pensamientos influyen en tus decisiones
Si estás pensando en cambiar tu vida, te propongo empezar reconociendo cómo estás viviendo hoy: tu presente. Y reflexionar sobre cómo tus pensamientos en el presente le dan forma a lo que has vivido: tu pasado.
Luego, en ese presente, puedes tomar decisiones que te permitan crear o construir tu futuro. Pero, ¿de qué dependen esas decisiones? Una fuente importante son tus pensamientos.
A continuación, te comparto una experiencia personal que te permitirá apreciar un momento en el cual yo daba forma al pasado (lo interpretaba con otros ojos) y cómo una reflexión me permitió decidir con confianza.
Una charla sobre ética e integridad en pandemia
En el 2021, durante la pandemia, ofrecí algunas charlas virtuales sobre ética e integridad a servidores públicos. Te cuento un poco sobre la primera charla para explicarte sobre tu poder para cambiar tu vida, iniciando con lo que piensas.
Mis primeros pensamientos estaban puestos en la situación de las personas que estarían en la charla. Me decía que, en un contexto tan difícil, esas personas tendrían diferentes preocupaciones.
Por eso, yo no quería que fuera una charla más. Quería que realmente les sirviera en su situación presente, que valiera la pena estar ahí.
Luego, mis pensamientos me llevaron a una experiencia previa: cuando era adolescente y, en el colegio, hice una exposición sobre los valores.
Un recuerdo: mi exposición sobre valores
Mi papá me había ayudado a preparar la exposición.
Habíamos conversado bastante acerca de los valores e incluso habíamos encontrado relaciones entre unos y otros valores. Eso permitía darle una línea lógica a mi exposición. Para estar segura, había escrito un texto de apoyo.
Sin embargo, mientras exponía, había percibido que mi exposición se ponía difícil o incluso aburrida por momentos...
Cómo estaba mirando esa experiencia pasada
Con ojos de adulta, sentía que esa exposición había sido un poco abstracta, sobre todo para estudiantes de secundaria.
Quizá por mi edad – me decía – no había podido expresar correctamente lo que habíamos planeado. Todavía no había vivido experiencias en las cuales hubiese tenido que defender mis valores o simplemente expresarlos, sin importar lo que otras personas pudiesen hacer o pensar.
Ahí estaba yo, preparando mi primera charla sobre ética e integridad en el contexto de pandemia, recordando a la adolescente que exponía sobre valores en su colegio.
Y ahora era una mujer que ya había vivido distintas experiencias y además había investigado sobre temas relacionados con ética y valores.
Mi diálogo interno era:
- "que mi charla valga la pena”;
- "que sea práctica”;
- "que les sirva”.
Y eso venía con exigencia.
Entonces, mientras preparaba la exposición, me encontré con una reflexión que me hizo conectarme conmigo misma y regresar al presente.
Una reflexión
“La persona que eres ahora refleja las decisiones que has tomado.
Estas decisiones te predisponen a actuar de una manera, pero no te limitan a hacerlo siempre así.
Todas las personas tenemos la capacidad de cambiar. Y para eso, solo tienes que elegir distintas acciones. Tomar nuevas decisiones.”
¡Excelentes noticias!, ¿cierto?
Porque puedes tomar decisiones alineadas con lo que consideras valioso en tu vida.
La idea fuerza de la charla: las decisiones
Con eso era suficiente: hablar de las decisiones que tomamos día a día.
¡Y cómo vale la pena hablar de aquello que nos define como seres humanos!
Porque desde que despertamos, por la mañana, tomamos decisiones: si duermes cinco minutos más, si abres tus cortinas y ventanas o te quedas a oscuras, si sales a hacer ejercicio, si te preparas el desayuno primero. Todas son decisiones.
Pero no siempre somos conscientes de las decisiones que tomamos y de quién estamos siendo con esas decisiones.
¿Y si nos proponemos ser un poco más conscientes, día a día?
Ese fue el hilo conductor de mi exposición.
No era que mi charla trajera algo nuevo. Facilitó que se generara un contexto de reflexión.
Las personas se dieron la posibilidad de pensar sobre cómo conducir sus vidas, incluso en un contexto difícil e incierto. ¿Cómo lo sé? Por lo que decían y, sobre todo, por lo que comentaban libremente en el chat de la plataforma virtual.
Y luego hablamos de dos preguntas, que también te puedes hacer si estás iniciando un cambio en su vida y que quiere conducirla de acuerdo con lo que valora:
- ¿Para qué?
- ¿Por qué?
Las preguntas ¿qué? y ¿cómo? eran más conocidas.
Pero las dos primeras son especialmente importantes si quieres iniciar o estás en un proceso de cambio en tu vida y quieres conducirla de acuerdo a tus valores.
Entonces, pasemos a tu situación.
Cuando te preguntas "¿por qué?"
Si te quedas en el “por qué”, te puede pasar algo parecido a lo que me pasó cuando preparaba mi charla.
Mi diálogo interno sobre la exposición del colegio, la preparación de la charla y la necesidad de que valiera la pena podía reflejar una creencia de fondo: que yo no era suficiente para presentar esa charla.
La conversación del “por qué” suele llevarte al pasado.
Te lleva a pensar en las causas de lo que haces o de lo que has hecho.
Por ejemplo, puede surgir el diálogo interno "¿por qué yo?", "¿por qué me pasan estas cosas?"
Y si ya estás acostumbrada a cuestionarte, a sacarte en cara tus errores o a mirar primero lo que hiciste mal, esa pregunta puede debilitar tu confianza.
Además, cuando vuelves al pasado, tus respuestas son interpretaciones de lo que ocurrió, hechas con los lentes que tienes hoy.
Por ejemplo, si sientes estrés y descubres que estás haciendo algo que no te gusta o que no te da resultados, ¿qué pasa cuando te preguntas “por qué”?
Cuando te preguntas "¿para qué?"
Con el “para qué”, puedes mirar hacia el futuro. Puedes conectar con ese lugar al que quieres llegar, con una visión o imagen de un futuro valioso.
En mi caso, cuando preparaba la charla, ¿para qué lo hacía?
Tenía la motivación de ayudar sinceramente a otras personas, pero necesitaba traer esa motivación al presente. Sentirla en mi corazón, en ese momento, mientras preparaba la charla.
Y créeme que eso se sentía a través de las cámaras de las computadoras y de los celulares.
Por eso hubo conexión, participación y reflexión conjunta.
Ahora te pregunto: Si aceptas que puedes cambiar y tomas una decisión, ¿para qué lo haces?
- ¿Para qué estás iniciando un proyecto propio?
- ¿Para qué estás estudiando un posgrado?
- ¿Para qué estás escuchando este podcast?
Cuando respondes al “para qué”, aparece una visión de futuro: una situación que deseas alcanzar, una aspiración.
Y ahí también un valor que proteges: tu familia, tu salud, tu paz interior, la sostenibilidad del planeta o aquello que sea valioso para ti.
Con el “para qué” puedes mirar un futuro posible. Y con tus decisiones puedes empezar a crear ese futuro.
De la reflexión a la acción
Para que esa reflexión se convierta en acción, vienen otras dos preguntas:
¿Qué haces para crear ese futuro?
Puedes ahondar un poco más: ¿qué haces igual?, ¿qué haces distinto?
¿Cómo vas a recorrer el camino de tu situación actual a esa aspiración?
Cuanto más concretas sean tus respuestas al “cómo”, más fácil será identificar acciones, fechas, lugares, personas y próximos pasos.
El qué y el cómo te ayudan a pasar a la acción. Pero si quieres cambiar tu vida de acuerdo con lo que valoras, necesitas volver a las dos preguntas de fondo: por qué y para qué.
Ahora, tu decisión:
¿Qué prefieres? ¿Quedarte solo en la pregunta del "por qué" o mirar también la pregunta del "para qué?
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