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Cuando algo te importa, ¿te preparas para prestar atención?

aprender viviendo Oct 01, 2026
Grupo de profesionales escuchando con atención durante una capacitación o seminario.

Estás en una reunión de trabajo o en clases después de una larga jornada, pero sientes que estás ahí solo haciendo acto de presencia. Quieres poner atención, pero el cansancio o las preocupaciones del día te distraen.

En este episodio vemos qué ocurre cuando decides prestar atención a algo que te importa y qué significa prepararte para hacerlo.

 

¿Prefieres escuchar? El audio está más abajo.

   

Una maestría especial para mí

Entre 2002 y 2003 hice una maestría en la Universidad de Maastricht, en Países Bajos.

Era mi primera vez en Europa y pude conocer personas de distintos países, culturas y profesiones. ¡Era la única latinoamericana en un grupo de más o menos 30 personas!

La maestría era a tiempo completo y duraba un año. Algunos docentes venían de organizaciones internacionales y varios cursos tenían un ritmo ejecutivo, con clases mañana y tarde como si fuera una jornada laboral.

Teníamos trabajos grupales con análisis de casos. Eso implicaba varias horas de trabajo fuera de las clases. Por eso, en algunas clases de la mañana, el cansancio era real.

 

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Las antenas

Recuerdo una clase en particular, estábamos bastante callados, escuchando al docente.

Él tenía un tono de voz suave y hablaba pausadamente. Recuerdo eso porque hice un esfuerzo por prestar atención y anotar de manera cuidadosa sus principales ideas para no distraerme.  Alguien con tanta experiencia estaba ahí para enseñarnos y ¡cómo no aprovechar esa oportunidad!

 Entonces, le hice una pregunta que motivó la sorpresa de mis compañeros. 

Pude notar que la expresión facial del profesor cambió e iniciamos una corta conversación sobre el tema. Yo sentí que la dinámica de la clase había cambiado. 

 Cuando salimos a almorzar, unas amigas me dijeron algo que me causó gracia:

“Mirtha, parecía que tenías antenas para captar todo”.

Y así quedaron bautizadas las antenas.

En otras clases, cuando una de nosotras hacía una pregunta interesante, le decíamos “Ahora tú tienes las antenas”. 

O antes de entrar a una clase, “¿quién tendrá las antenas hoy?” Y más de una persona se ponía las antenas.

 

¿Por qué estaba tan atenta?

Esa maestría representaba la posibilidad de un cambio laboral importante. Había sido una elección difícil y bien meditada.

Para mí, estar ahí tenía mucho valor, no solo por los temas de especialidad. Todo era nuevo para mí y yo quería aprovechar la oportunidad.

La investigación sobre atención muestra algo parecido: cuando tienes un objetivo, puedes orientar tu atención hacia lo que te ayuda a lograrlo. 

No recuerdo exactamente cuál fue mi pregunta, pero sí que estaba relacionada con mi experiencia profesional previa. Buscaba vincular “lo nuevo” con lo que yo conocía.

En realidad, en esas ganas de descubrir estaba casi todo el tiempo.

Me importaba mucho.

 

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Ponerse las antenas era una decisión

La pregunta que surgió naturalmente dio inicio al uso de “antena” con un significado compartido: prestar atención porque nos importaba.

 No necesitábamos traducir qué eran las antenas. Y para mi suerte, se pronunciaban casi igual en inglés y español.

 En algunos aspectos, el grupo era similar.

Teníamos experiencia profesional y habíamos tomado una pausa que tenía un alto costo de oportunidad. Además, era nuestra primera vez en Europa Occidental.

 Y con mis amigas, esa actitud de ponerse las antenas era una decisión que traía no solo compromiso por aprender, sino también alegría. 

Lo disfrutábamos realmente. Y esa emoción nos permitía compensar un poco el cansancio.

 

Te preparas para prestar atención.

No se trata de llamar a las antenas, como si bastara decir “¡antenas a mí!” para prestar atención de inmediato. Te preparas de manera intencional.

 Porque tu atención puede fluctuar. Te puedes distraer hasta cuando se cae un lapicero o cuando te das cuenta de que no comiste lo suficiente y necesitas energía para continuar.

 En mi caso, yo escribía con cuidado en mi cuaderno, usando distintos colores. 

Mis amigas y yo llegábamos siempre temprano a clases y abríamos las ventanas del aula. No esperábamos que la clase fuese súper interactiva para prestar atención; asumimos un rol activo porque era nuestra oportunidad de aprendizaje.

 En tu caso, seguro que ya sabes qué te ayuda mejor. Puede ser, amarrarte el cabello en una cola después de varias horas de trabajo, apagar las notificaciones del celular o escoger una silla bien cómoda antes de iniciar una reunión.

 Es decir, después de que decides prestar atención, realizas acciones concretas para generar mejores condiciones: para orientar tu atención hacia lo que te importa.

 

Cuando prestas atención, puedes involucrarte.

En mi caso, una vez que hice la pregunta, pude comprender mejor lo que me había causado interés y eso pudo llevarme a explorar más al respecto.

En tu caso, una pregunta puede llevarte a seguir pensando en el tema, incluso después de la reunión o de la clase.

Si estás solo haciendo “acto de presencia”, es más difícil que eso ocurra.

Cuando te preparas para prestar atención, estás diciendo “aquí estoy”. Y estás lista para  involucrarte en esa experiencia que estás viviendo.

Decides y actúas para aprender de esa experiencia.

 

¿Qué cambia cuando te pones las antenas?

No siempre podemos evitar el cansancio o las distracciones. Pero cuando algo nos importa, sí podemos decidir prestar atención y hacer algo para estar en mejores condiciones de hacerlo.

En nuestro caso, ponernos las antenas era una decisión para aprovechar mejor esa experiencia. Y así, muchos años después, recuerdo con cariño esas antenas y lo que significaban para nosotras: decidir prestar atención para aprender.

¿Cuáles son tus antenas?

 

Notas

Para profundizar:

  • Anderson, B. A., Kim, H., Kim, A. J., Liao, M.-R., Mrkonja, L., Clement, A., & Grégoire, L. (2021). The past, present, and future of selection history. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 130, 326–350. DOI: 10.1016/j.neubiorev.2021.09.004
  • Hidi, S. E., & Renninger, K. A. (2026). The four-phase model of interest development: Addressing individual differences. Learning and Individual Differences, 126, 102865. DOI: 10.1016/j.lindif.2025.102865

 

 

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